🕘 Tiempo de lectura: 5 minutos
✍️ Escrito por: Leticia Arenas Dacal
Fisioterapeuta colegiada nº 39/715

Las lesiones frecuentes en verano suelen aparecer cuando cambiamos de golpe nuestra actividad habitual. Caminamos por la playa, hacemos rutas de montaña, jugamos a las palas, practicamos deportes al aire libre o simplemente pasamos muchas más horas fuera de casa.
Pero ese aumento de actividad, unido a cambios de rutina, calzado diferente, viajes largos o deportes que no practicamos habitualmente, puede hacer que aparezcan molestias y lesiones típicas de esta época del año.
En consulta, durante los meses de verano, hay algunas molestias que se repiten con especial frecuencia. Muchas no aparecen por hacer “algo mal”, sino porque sometemos al cuerpo a actividades, posturas o esfuerzos diferentes a los habituales.
Fascitis plantar en verano y dolor en la planta del pie
En verano cambiamos mucho de calzado y solemos utilizar durante más horas sandalias, chanclas o zapatos muy planos. Si además aumentamos de golpe el tiempo que caminamos, hacemos rutas o pasamos largos ratos andando descalzos por la playa, el pie puede empezar a sobrecargarse.
Una de las molestias más habituales es el dolor en la planta del pie o en la zona del talón, que puede aparecer durante la actividad o hacerse más evidente al levantarnos después de haber estado un tiempo en reposo.
Tendinitis y sobrecargas en tobillo y pierna
Caminar durante mucho tiempo por la playa, especialmente si no estamos acostumbrados, o hacer rutas largas varios días seguidos puede suponer un esfuerzo mucho mayor del habitual para nuestros músculos y tendones.
En consulta vemos con frecuencia sobrecargas y molestias en tendones como los peroneos o el tibial posterior. Muchas veces aparecen después de varios días de actividad, cuando el cuerpo ya lleva acumulado un esfuerzo al que no estaba acostumbrado.
Esguinces de tobillo y lesiones por hacer más deporte
El buen tiempo también hace que nos animemos a practicar más deporte: jugar a las palas, correr, hacer senderismo o realizar actividades que durante el resto del año apenas hacemos.
El problema no es hacer deporte, sino pasar de una actividad habitual baja a exigirle mucho más al cuerpo en pocos días. Esa falta de adaptación, unida a terrenos irregulares o movimientos a los que no estamos acostumbrados, puede aumentar el riesgo de sufrir un esguince de tobillo u otras lesiones.
Dolor lumbar: no todo viene de hacer más ejercicio
En verano también pasamos muchas horas tumbados en la playa, en una tumbona o sobre una toalla, y a veces mantenemos la misma postura durante demasiado tiempo. A esto se suman los viajes largos en coche y los cambios en nuestras rutinas habituales.
Todo ello puede hacer que aparezcan molestias en la zona lumbar, especialmente en personas que ya suelen tener episodios de dolor de espalda o que pasan de una rutina más sedentaria a unos días de mucha actividad.
“Pensé que se me pasaría…”
Es una frase que escuchamos con frecuencia en consulta. Muchas personas esperan varios días pensando que la molestia desaparecerá sola y continúan haciendo prácticamente la misma actividad.
Cuando finalmente el dolor empieza a impedirles caminar con normalidad, dormir, hacer una ruta o simplemente disfrutar de las vacaciones, es cuando deciden buscar ayuda.
No siempre es necesario acudir al fisioterapeuta ante la primera molestia, pero tampoco conviene esperar a que el dolor sea intenso o empiece a limitar nuestro día a día.
Cómo prevenir las lesiones frecuentes en verano
No se trata de dejar de caminar, hacer rutas o practicar deporte durante las vacaciones. Al contrario, mantenerse activo es una buena idea. La clave está en no querer hacer en unos días todo lo que no hemos hecho durante el resto del año.
Aumenta la actividad de forma progresiva, utiliza un calzado adecuado para lo que vayas a hacer y alterna los días de mayor esfuerzo con otros más tranquilos. Si vas a hacer una ruta larga, por ejemplo, no empieces las vacaciones por la más exigente.
Y, sobre todo, presta atención a las señales de tu cuerpo. Si una molestia va aumentando con los días o empieza a limitarte, seguir forzando no suele ser la mejor opción.
En resumen
El verano es una época para disfrutar, moverse y hacer cosas diferentes, pero también es un momento en el que nuestro cuerpo recibe cargas distintas a las habituales.
Escuchar las primeras señales y adaptar la actividad puede evitar que una pequeña molestia termine limitando nuestras vacaciones.
Si el dolor no mejora, aumenta con los días o empieza a impedirte caminar, hacer deporte o realizar tus actividades con normalidad, una valoración puede ayudar a identificar qué está ocurriendo y cuál es la mejor forma de abordarlo.
La visión desde la Fisioterapia
En consulta vemos cada verano situaciones muy parecidas: personas que durante el resto del año tienen una actividad determinada y que, al llegar las vacaciones, empiezan a caminar durante horas, hacer rutas varios días seguidos, pasar mucho tiempo descalzas por la playa o practicar deportes a los que su cuerpo no está acostumbrado.
Disfrutar y moverse es positivo. El problema suele aparecer cuando aumentamos la actividad demasiado rápido y no damos tiempo al cuerpo para adaptarse.
Mi consejo es sencillo: disfruta del verano, muévete y haz planes, pero hazlo de forma progresiva. Y si aparece una molestia que persiste o va a más, no esperes necesariamente a que el dolor sea insoportable para prestarle atención.
¿El dolor está interfiriendo en tus vacaciones?
Si tienes una molestia que no mejora, va a más o está limitando tus actividades, podemos valorar tu caso y ayudarte a encontrar la mejor forma de abordarlo.
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